15 feb. 2011

La armería

El CLIENTE entra a la armería. Se acerca al mostrador, tras el que se encuentra el VENDEDOR.

CLIENTE:
Buenas. Vengo buscando un arma de fuego.

VENDEDOR:
¿Para usted?

CLIENTE:
No; para regalo.

VENDEDOR:
Para regalar... tenemos una de esas que hacen ¡PAM!

CLIENTE:
Aunque eso está muy visto. ¿No tiene de esas que hacen ¡PUM!?

VENDEDOR:
Bueno, las que hacen ¡PUM!, para regalo, quedan un poco cutres. Para usarlas en casa, con los amigos, para una ruleta rusa, vale. Pero para regalo... Por el mismo precio, te puedes llevar una de las que hacen ¡PUMBA!, que queda más vistoso.

CLIENTE:
(impresionado)
A dónde va a parar. ¿Y no tiene algo más caro?

VENDEDOR:
Nos meteríamos en esas gordas que hacen ¡CATAPUMBA! Aunque son de ponerlas fijas en el sitio. Vienen con trípode incluído. La siguiente es de las que hacen ¡¡PRUACATAPUMBA, PUM, PIUM, POOOOOM...!!
El VENDEDOR gesticula como un loco, totalmente poseído, mientras el CLIENTE lo mira pasmado. Al terminar la demostración, el VENDEDOR sonríe satisfecho.
¿A que es buena?

CLIENTE:
Impresionante.

VENDEDOR
(mientras le muestra un catálogo):
Va orientada para ocasiones especiales: golpes de estado, guerras mundiales... Ideal para grupos. Es lo que llamamos `Arma de destrucción masiva´, porque vale el precio que marca, más IVA.

CLIENTE:
Esta última se me va del presupuesto. ¿Qué me recomienda usted? Es para mi hijo.

VENDEDOR:
Tenemos un modelo especial para adolescentes. Una de las que hacen ¡RATATATATA!, ideal para matar a mucha gente en muy poco tiempo. Está muy de moda, para llevársela al instituto y cargarse a los compañeros, el profesor...

CLIENTE:
Bueno, realmente mi hijo tiene 5 años...

VENDEDOR:
¡Haberlo dicho antes! Para niños de 3 a 6 años tenemos la mina antipersonal, que hace ¡BUM! Está recomendada por pedagogos, para motivar a los niños sin el uso de violencia. Tan sólo utilizando el refuerzo positivo y negativo.

CLIENTE:
¿Y cómo funciona?

VENDEDOR:
Esto se activa y se esconde por la casa. Entonces mete al niño dentro de la casa y cierra con llave. Al niño se le dice: “Nene, si encuentras la mina y la desactivas, te doy un caramelo (refuerzo positivo) y si no la desactivas, te quedas sin brazos (refuerzo negativo). Está muy de moda en Colombia. Es la bomba.

CLIENTE:
Pues creo que me voy a llevar un par de minas, por si falla una, y una de esas que hacen PUM, para mí.

VENDEDOR:
¿Quiere probarla?

CLIENTE (cogiendo la pistola):
¿No le importa?

VENDEDOR (ofreciendo su corazón):
Apunte bien, el esternón está aquí. Pues un poco a su derecha.

CLIENTE:
¿No prefiere que le dispare en el brazo?

VENDEDOR:
¡No! Fui esta mañana a sacarme sangre y me duele un montón.

El CLIENTE se prepara para disparar en el corazón al vendedor. De repente cae en la cuenta...

VENDEDOR:
¡Ah! Se me olvidaba... ¿No le importa pagarme antes?

CLIENTE:
Por supuesto.

El CLIENTE deja unos billetes encima del mostrador. El VENDEDOR sonríe. Después, el CLIENTE le dispara y el VENDEDOR cae al suelo y muere.

CLIENTE:
Pues sí que funciona. ¡Muy amable! Hasta luego.

El CLIENTE coge las minas y su pistola y se marcha.


FIN

El hombre planta

El PACIENTE entra a la consulta del DOCTOR.

DOCTOR:
Siéntese.

El PACIENTE toma asiento
Dígame, ¿qué le ocurre?

PACIENTE:
Verá doctor, (se acerca a él y le susurra) creo que no soy humano.

DOCTOR:
¿Y qué cree usted que es?

PACIENTE:
Una planta.

DOCTOR:
¿Una planta?

PACIENTE:
Si; una lechuga. Y no me avergüenza decirlo.

DOCTOR:
Pero... tiene usted forma humana.

PACIENTE:
Puede que dé esa impresión. Pero en mi interior, siempre he sentido que soy una lechuga... atrapada en un cuerpo que no le corresponde.

DOCTOR:
Bueno, y ¿qué quiere exactamente?

PACIENTE:
Operarme(...) ¿Cree que esto lo podría sacar por la Seguridad Social?

DOCTOR:
¿Así que quiere tener usted cuerpo de lechuga?

PACIENTE:
Y cabeza de lechuga también. Manos de lechuga, ojos de lechuga... todo de lechuga.

DOCTOR:
Uff, pero la lista de espera para estas cosas va para largo.

PACIENTE:
Sea sincero. ¿Cree que estoy loco?

DOCTOR:
En absoluto. Es más; le entiendo perfectamente. Tenga en cuenta yo, antes, era un pepino.

PACIENTE:
¡No habla usted en serio!

DOCTOR:
Como se lo digo. De madre pepino y padre pepino. Aunque en mi DNI aparece mi antigua identidad, Cucumis Sativus, lo que me crea problemas cuando tengo que identificarme.

PACIENTE:
Pues le ha quedado muy bien la operación.

DOCTOR:
Este tipo de operaciones están al orden del día y al alcance de todos los bolsillos. Dos millones de japoneses ya han cambiado su aspecto y ahora son naranjas.

PACIENTE:
¿Naranjas?

DOCTOR:
Sí, por lo del sumo.También hay muchas celebridades que ahora son frutas. Por ejemplo, la vigilante de la playa, Pomelo Anderson, María Fresa Campos, Judía Roberts, Higo Chávez... Mire, le pondré en lista de espera y mientras tanto, le voy a recetar hormonas, para que su cuerpo se vaya acostumbrando al cambio.

PACIENTE:
Eso sería estupendo.

DOCTOR:
(toma una receta y comienza a apuntar)
Le pongo 3 sobres de hormonas de enraizamiento, un tiesto del 25 y un saco de turba de 20 litros.

PACIENTE:
Muchas gracias. ¡Hasta luego!

DOCTOR:
¡Suerte!


FIN

Despido de personal

El TRABAJADOR entra al despacho de explotación de la empresa. En la mesa, está el ENCARGADO de los despidos.

ENCARGADO:
Buenos días. Siéntese, por favor.

TRABAJADOR:
Buenas.

ENCARGADO:
Está usted interesado en ser despedido, ¿verdad?

TRABAJADOR:
Sí, me vendría muy bien. Sin finiquito ni nada, por supuesto.

ENCARGADO:
Como sabrá, la empresa se encuentra en un estado de crecimiento muy alto y no nos interesa prescindir de nadie ahora mismo, ¿comprende?

TRABAJADOR:
Ya... Tal vez le interese saber que tengo una amplia experiencia. Me han echado de todos los lugares en que he trabajado. Traigo aquí mi currículum. Ni una sóla buena referencia ni nada.

ENCARGADO
(ojeando el currículum):
Vaya, veo que en su anterior trabajo fue despedido nada menos que en cinco ocasiones.

TRABAJADOR:
(excusándose)
En efecto. Aunque luego me volvían a contratar. Es lo que tienen las empresas de despido temporal.

ENCARGADO:
¿Cuánto tiempo lleva con nosotros?

SEÑOR:
Dos semanas.

El ENCARGADO hace gesto de escuchar una respuesto poco apta.

ENCARGADO:
Mire, debe entender que no podemos despedir a todo el mundo cada vez que nos lo pide. No somos una caridad ni nada por el estilo.

TRABAJADOR:
Comprendo.

ENCARGADO:
Además, aquí hay trabajadores que llevan más de veinte años pidiendo ser despedidos. Padres de familia, con hijos, hipoteca. Quedaría muy feo que le despidiésemos a usted primero, siendo soltero y sin responabilidades, ¿no cree?

TRABAJADOR:
Si me permite la expresión, le diré que estoy muy jodido económicamente. Me fastidiaría bastante quedarme sin trabajo ahora.

ENCARGADO:
Ya, ya. Pero no es suficiente. A ver; ¿es usted negro?

TRABAJADOR:
Creo que no. Tendría que mirarlo.

ENCARGADO:
 ¿Está usted embarazado o tiene intención de estarlo en breve?

TRABAJADOR:
Emm... me temo que no.

ENCARGADO:
Pues lo siento mucho, pero no da el perfil. Valoro que tenga tantas ganas, pero el criterio de despido de personal es muy estricto. Lo que sí puedo ofrecerle es una bajada de sueldo por incumplimiento de objetivos.

TRABAJADOR
(no muy convencido):
Ya. ¿Y cuáles serían esos objetivos?

ENCARGADO:
Reducir las ganancias y el número de ventas de la sociedad, aumentar el tiempo de almuerzo. Si tiene suerte, en muy poco tiempo logrará ser mileurista. ¡E incluso menos!

TRABAJADOR
(resignado):
En fin. No me queda otro remedio que aceptarlo.

ENCARGADO:
De todas formas me guardaré su currículum. Estaríamos encantados de ponerlo de patitas en la calle en un futuro. Ya le llamaremos.

TRABAJADOR:
Ya, ya... De acuerdo. Pues nada, muchas gracias.

ENCARGADO:
Hasta luego.

TRABAJADOR
(a sí mismo):
Luego vienen los de fuera, y a esos sí que los echan a las primeras de cambio. Vienen aquí a jodernos.



FIN

Joaquín Sabina denuncia

JOAQUÍN SABINA entra a la comisaría de Policía. Allí le atiende un AGENTE, que está de pie y de espaldas a SABINA, hojeando unos papeles.

AGENTE:
A ver, el de la denuncia por atraco, ¡que pase! (Se gira hacia SABINA). ¡Cielos!, ¿es usted Joaquín Sabina?

SABINA hace un gesto de afirmación, pero el AGENTE no le deja ni hablar debido a la excitación que le provoca tener ante sí a su gran ídolo.

¿Sabe que soy su fan número uno? Me sé todas sus canciones. Los últimos discos, un poco flojillos, ¿eh? Pero igualmente es todo un placer tenerle aquí...

El AGENTE nota que está siendo impertinente y se mete en su papel de serio.

Ejem... me decía que le han atracado, ¿verdad?

SABINA:
Efectivamente.

El AGENTE invita a SABINA a sentarse con un gesto. Ambos se sientan.

AGENTE:
Haremos un parte con toda la información. ¿Dónde sucedieron los hechos?

SABINA:
Anoche, sobre el número trece de la calle Melancolía.

AGENTE:
¿Sobre qué hora?

SABINA:
No recuerdo bien. Serían las diez o las once, las doce, la una, las dos o las tres. Es que cuando me lío...

AGENTE:
¿Qué ocurrío?

SABINA:
Eran tres. Se me acercaron y dijeron: "¡Eh, tú! El que se parece a Sabina, subvenciónanos un pico.

AGENTE:
¿Le robaron algo?

SABINA:
Sí; el mes de abril. ¿Cómo pudo sucederme a mí?

AGENTE:
¿Hay testigos de lo ocurrido?

SABINA:
Sí. Mi vecina Eva, que estaba tomando el sol en el balcón, y su hermana, que se llama Soledad. ¡Pero qué hermosas eran!

AGENTE:
Ajá. ¿Nadie más?

SABINA:
Sí. También nietos de toreros disfrazados de ciclistas, ediles socialistas, putones verbeneros, peluqueros de esos que se llaman estilistas... Vamos, todos menos tú.

AGENTE:
¿Y nadie acudió a socorrerle?

SABINA:
Pasó un hombre de traje gris, que al verlos huir gritó: `¡Al ladrón, al ladrón!´, aunque no consiguió acabar la frase: se lo impidió un violento ataque de tos.

AGENTE:
¿Recuerda el rostro de los atracadores?

SABINA:
No. Llevaban medias negras en la cabeza. Aunque uno de ellos llevaba bufanda a cuadros y el otro minifalda azul.

AGENTE:
¿Un hombre con minifalda azul?

SABINA:
Le llamaban Juana la Loca, creo. Aunque no lo oí bien, porque pasó un camión haciendo ruido. Mucho, mucho ruido. Tanto, tanto ruido que no se oyó el nombre al final.

AGENTE:
¿Que edad tenían?

SABINA:
Sobre los cuarentaydiez.

AGENTE:
¿Y hacia dónde se dirigía usted justo antes de ser asaltado?

SABINA:
Iba a la flostería a comprar dos gardenias.

AGENTE (extrañado):
¿Dos gardenias?

SABINA:
Sí; dos gardenias.

AGENTE (indignándose):
Esto no puede ser. No encaja con el resto de información ¡Dos gardenias es de Machín!

SABINA:
¿Qué quiere que le haga? Es lo que iba a hacer en ese momento.

AGENTE:
Pero eso no es ninguna canción suya. ¡No puede haberle pasado a usted!

SABINA:
Bueno, no todo lo que escribo me tiene que haber pasado a la fuerza. De hecho, la mayoría de mis canciones son inventadas. ¿Pero qué importa eso?

AGENTE (perdiendo los nervios):
No, no, no, no. Aquí debe de haber una confusión. ¿Me está diciendo que todo lo que canta no le ha pasado de verdad?

SABINA:
No todo.

El AGENTE empieza llorar decepcionado.

AGENTE:
Buaaa, es todo una farsa. Yo le admiraba. Buaaaa. Una gran mentira. Es usted un impostor. Buaa...
(Su rostro torna hacia una expresión de psicópata. Se levanta de la silla)

Me ha decepcionado. Y eso quiere decir que voy a tener que matarle. ¡Para algo soy su fan número uno!

El AGENTE desenfunda su pistola y dispara en el estómago de SABINA. El AGENTE ríe exageradamente, con risa de malo muy malo. Sabina cae al suelo y comienza a agonizar.

SABINA:
(envuelto en dolor, mientras el AGENTE ríe satisfecho)
P... pero... ¿Por... porr... por qué me haces esto?

El AGENTE, indignado, se sitúa a los pies de SABINA.

AGENTE:
¿Por qué? ¡¡¿Por qué?!! (...) ¡Porque me sobran los motivos!

El AGENTE sale de escena silbando la melodía de 19 días y 500 noches.

FIN

12 feb. 2011

El joven matemático

Esta es la triste historia de un joven estudiante de matemáticas, cuya vida estaba llena de problemas. Era el típico cateto con jerseis de rombos, de mente cuadriculada y actitud muy negativa. Además, era feo. Más que feo, digamos desproporcionado. Tenía una pierna más larga que otra; por eso en el colegio le llamaban el escaleno. Todos le daban de lado y las chicas le rechazaban. Siempre que se acercaba a decirles algo, ellas se iban por la tangente y él acababa haciendo el primo. Debido a su poco éxito con el sexo opuesto, se pasaba las noches computando.

Provenía de una familia humilde; de hecho, nació en un polígono, en el extrarradio de la ciudad. Su padre, como buen topógrafo profesional, era un hombre muy superficial y además, más chulo que un ocho. El pobre entró en coma cuando nuestro protagonista era un niño. Su madre, ama de casa, se pasaba todo el día con el cubo en la mano y nunca hablaba con nadie. Sus pensamientos eran una incógnita.

Así que este joven matemático decidió poner un paréntesis en su vida, para poder ver las cosas desde otro prisma. Harto de no formar parte de una familia íntegra, decidió huir. Salió de su casa corriendo, dobló la esquina y empezó a aumentar su velocidad exponencialmente. Corrió y corrió. Tomó una recta, después una curva, cruzó una redonda. Siguió corriendo. El pobre muchacho, ofuscado en su carrera, sintiendo la brisa de la libertad en su rosto, no prestó atención a un coche que cruzaba la calle en ese instante y que se llevó su vida por delante. 

Murió tranquilo. Lo último que escuchó fue un ¡Piiiiiii!.

11 feb. 2011

Cómo escribir un buen sketch de humor

  • El sketch ha de ser gracioso. Un sketch deprimente y repulsivo suele no ser gracioso. Causar una profunda tristeza en el lector, o inspirarle a autolesionarse y/o suicidarse demuestra que el sketch no cumple con su finalidad.

  • Debe ser escrito de izquierda a derecha, y de arriba a abajo. 
     
  • El sketch ha de tener un principio y un final. Un guión que carece de final suele hacerse muy largo para el espectador estándar. Respecto al principio, suele ser recomendable para que los espectadores se enganchen a la historia , si bien no es tan imprescindible como el hecho de tener un final.

  • Se mencionará SIEMPRE a algún personaje histórico, preferiblemente escritor, filósofo o científico poco conocido. Dará pie a que se nos considere como escritores de “humor inteligente” y disimulará la falta de ideas.

  • De entre todos los personajes del guión, han de diferenciarse claramente a un “listo” y un “tonto”. ¡ATENCIÓN!: Los sketches sobre política y religión también deben incluir a un listo, sea como sea.

  • Si queremos ganar aceptación, citaremos a los Monty Python como una de nuestras referencias. Si queremos parecer originales, negaremos haber oido hablar de los Monty Python en nuestra vida. 
     
  • Ante la habitual falta de un buen clímax final, podemos recurrir a la aparición de un conejo-humanoide u otro personaje del estilo y considerarnos humoristas surrealistas.

  • Introduciremos contínuamente frases comparativas. Suelen tener más éxito que el chapista de Mazinger Z.

9 feb. 2011

Doctor Dolor

La SEÑORA está en el pasillo del hospital, caminando de un lado hacia otro, desesperada. El DOCTOR sale por la puerta.

SEÑORA:
¡Doctor, doctor! ¿Cómo está mi marido?

DOCTOR:
No es fácil decirle esto, señora. Su marido ha muerto.

SEÑORA:
Pero, ¡Dios mío...!

DOCTOR:
No se preocupe... estoy bien.

SEÑORA:
¡Ay, que se ha ido! Pobrecito.

DOCTOR:
Pobrecito no; no quiero dar pena. Con el tiempo lo superaré.

SEÑORA:
Pero si ayer dijo que se encontraba mejor y que poco a poco se iba recuperando...

DOCTOR 
(entre sollozos):
Señora, a veces las personas nos autoengañamos; nos ponemos una venda en los ojos para no ver la cruda realidad. Pero lo cierto es que él estaba malito, muy malito.

SEÑORA:
¿Y no hay nada que hacer?

DOCTOR
(balbuceando):
No, nada. (...) ¡Era tan amable!

SEÑORA:
Venga, Doctor, no llore. Tal vez sea lo mejor. El pobre estaba sufriendo.

DOCTOR
(rompe a llorar):
Recuerdo que me preguntaba: "¿Me pondré bien, Doctor?" Y yo le decía que sí. ¡Hemos pasado tanto tiempo juntos aquí, en el hospital! Era un hombre excepcional.

SEÑORA:
Sí, lo era. No me cabe ninguna duda.

DOCTOR:
¿Y sabe lo peor de todo esto? Que me siento culpable. Si hubiese elegido otra medicación... ¡Fue culpa mia! (llora y llora)

SEÑORA:
Venga, Doctor, no se machaque a sí mismo.

DOCTOR:
¿Sabe? Cuando ocurre algo como esto, uno aprende a valorar las cosas que realmente importan en la vida

SEÑORA:
Le comprendo. Esto no debe ser fácil para usted

DOCTOR:
¿Usted qué va a comprender? ¿Acaso sabe cómo se siente uno cuando se le muere un paciente? ¿Es usted médico? ¡Pues calle y déjeme tranquilo con mi angustia!

SEÑORA:
De acuerdo. Pero recuerde que si me necesita, estoy aquí para lo que necesite. Gerónimo era muy bueno y todos le queríamos.

DOCTOR
(sorprendido):
¿Gerónimo? ¿Es usted la señora de Gerónimo?

SEÑORA:
Sí, Gerónimo era mi marido.

El DOCTOR, de repente, deja de llorar y se muestra aliviado.

DOCTOR:
¡Qué despiste! Pensé que usted era la mujer de Alfredo. Su marido se encuentra perfectamente. Creo que esta misma tarde le daremos el alta. Puede entrar a verlo si quiere.

La señora se va hacia la habitación, felizmente, a ver a su marido.

SEÑORA:
¡Ay! No sabe cómo me alegro. ¡Mi Gerónimo!

En ese momento aparece otra señora que se acerca desesperadamente al Doctor.

SEÑORA 2:
¡Doctor, doctor! ¿Cómo está mi marido?

DOCTOR:
Su marido es...

SEÑORA:
Alfredo.

DOCTOR:
(cambia drásticamente a gesto de pena, imitando el diálogo inicial)
No es fácil decirle esto, señora, pero...
El DOCTOR rompe a llorar


FIN