12 feb. 2011

El joven matemático

Esta es la triste historia de un joven estudiante de matemáticas, cuya vida estaba llena de problemas. Era el típico cateto con jerseis de rombos, de mente cuadriculada y actitud muy negativa. Además, era feo. Más que feo, digamos desproporcionado. Tenía una pierna más larga que otra; por eso en el colegio le llamaban el escaleno. Todos le daban de lado y las chicas le rechazaban. Siempre que se acercaba a decirles algo, ellas se iban por la tangente y él acababa haciendo el primo. Debido a su poco éxito con el sexo opuesto, se pasaba las noches computando.

Provenía de una familia humilde; de hecho, nació en un polígono, en el extrarradio de la ciudad. Su padre, como buen topógrafo profesional, era un hombre muy superficial y además, más chulo que un ocho. El pobre entró en coma cuando nuestro protagonista era un niño. Su madre, ama de casa, se pasaba todo el día con el cubo en la mano y nunca hablaba con nadie. Sus pensamientos eran una incógnita.

Así que este joven matemático decidió poner un paréntesis en su vida, para poder ver las cosas desde otro prisma. Harto de no formar parte de una familia íntegra, decidió huir. Salió de su casa corriendo, dobló la esquina y empezó a aumentar su velocidad exponencialmente. Corrió y corrió. Tomó una recta, después una curva, cruzó una redonda. Siguió corriendo. El pobre muchacho, ofuscado en su carrera, sintiendo la brisa de la libertad en su rosto, no prestó atención a un coche que cruzaba la calle en ese instante y que se llevó su vida por delante. 

Murió tranquilo. Lo último que escuchó fue un ¡Piiiiiii!.

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